Manual de que no hacer en democracia: La crisis catalana

Este día domingo primero de octubre de 2017, en España se vivió un episodio bochornoso para todos quienes disfrutamos de vivir en democracia. En este día se aplastaron normas, leyes, derechos y más que nada, la ilusión en la que todos vivimos que el pueblo tiene una voz en las decisiones que se toman en un país.

El referéndum convocado por la comunidad de Catalunya se supone inconstitucional, y en eso se apoya el gobierno, además que está mal organizado, no hay reglas claras y no se han cumplido los plazos que deberían regir este tipo de procesos, es decir, es un atentado contra la misma estructura democrática.

Por su lado, ya empezado este irregular proceso, la mejor idea que tuvo el gobierno de Mariano Rajoy, a través de su policía, es irse en contra de la gente catalana que quería votar. En varios recintos se vio acciones policiacas violentas frente a ciudadanos que querían hacer oír su voz, muchas veces haciendo uso desmedido de la fuerza dejando heridos en el proceso. Claramente un despropósito más en un país autodenominado democrático.

Y todo esto nos lleva al trasfondo del asunto, que no es más que una lucha política, y esto se ve reflejado en que mientras hay gente en las calles siendo herida, el gobierno español le echa la culpa al gobierno catalán del desorden y viceversa. Un tira y afloja político innecesario en donde, como siempre, el ciudadano paga los platos rotos.

¿Pues que se debió hacer? Para el gobierno Catalán, respetar la vía legal, y presionar al gobierno español mediante vías no irregulares a hacer escuchar la voz del pueblo, no inventar un circo donde el pueblo no pasaría de ser un títere de sus intereses. Por su lado, el gobierno español debió dejar al pueblo catalán ejercer el voto, posteriormente confiscar las urnas y declarar el proceso nulo, es decir, irse en contra de sus adversarios, no del pueblo. Incluso pudo mandar las votaciones a su tribunal electoral y alterarlas en caso de que les convenga (no estoy a favor de esto) y hubiera sido mucho menos bochornoso de lo que aconteció este domingo.

Al final del día tenemos como resultado más de tres centenas de heridos, la institucionalidad española manchada y una democracia vista desde su ángulo más frio: no está para que el pueblo decida, sino para quienes están en el poder utilicen al pueblo.

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