Más allá de la muerte de Stephen Hawking

Ha pasado un tiempo ya desde que corrió la noticia de la muerte de Stephen Hawking, y ya con las aguas calmadas de la novelería que normalmente supone el fallecimiento de una persona famosa, he decidido dedicarle un par de líneas a este hecho y a la memoria de tan renombrado científico y ser humano.

Sonando lo más cliché posible, la humanidad ha perdido uno de sus grandes baluartes, pero hasta ahí me quedaré con lo que todos han dicho y muchos ustedes han leído sobre esto. Ya que me iré un poco más allá, si es que se puede para darle un contexto algo diferente a esta pérdida que nos ha tenido en vilo.

Hoy en día, en un mundo tan globalizado, que si bien se tiene una cantidad inimaginable de información al alcance de la mano, la humanidad se ha movido hacia una apatía pasmosa. “Era la  era de la sabiduría, era la era de la incredulidad” como tan acertadamente lo escribió Dickens hace más de un siglo (frase que jamás va a quedar desactualizada debido al constante avance del conocimiento humano). Hoy, que la gente ha desarrollado una inefable apatía por el conocimiento, y deja morir la curiosidad y se deja llevar por lo banal, efímero y carnal. La muerte del científico británico deja ver que ya no se admira el conocimiento, ya que luego de que adquiriese su notoria fama hace más de cuatro décadas, no ha surgido nadie más como un ejemplo a seguir para las futuras generaciones.

La curiosidad lleva al conocimiento, y este al progreso de las sociedades y los pueblos, y la falta de personas llenas de conocimiento a quien admirar es un problema grave que tenemos hoy en día. Sobran personas que quieren llamar “Lionel” a su hijo y niños que quieren ser “Malumas” de grande. Asimismo, hacen falta padres que insten a sus hijos no solo a hacer deporte y oír música (Si bien me considero un apasionado amante del fútbol y muchos otros deportes), sino a abrir libros, buscar preguntas y admirar a personajes que han dado a la humanidad las herramientas para ser lo que es hoy.

En nuestra sociedad, hay que abrirle las posibilidades a las personas, permitirles soñar y admirar a los Newton, Einstein y Aristóteles  también, hay que empujar a los niños a que quieran ser tan importantes como ellos y que no se dejen ganar por la apatía de lo fácil, sino que vean más allá de la moda actual y se hagan preguntas importantes, que los lleven a buscar respuestas aún más importantes.

“Ronaldos”, “Lady Gagas” y “Brad Pitts” nos sobran en la actualidad, y no está de más admirar las cualidades positivas de estas personas. Pero nos falta un nuevo Maxwell y un nuevo Hawking, y es preocupante que la sociedad no busque también este tipo de grandes personas quienes guíen y hagan soñar a las nuevas generaciones que lo realmente trascendente e importante, se consigue abriendo la mente, alimentando la curiosidad y dejando volar la imaginación.

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